(Hermana mayor) 

Hola a tod@s! Cómo va el verano? Hace mucho que no publicamos nada, pero es que el calor no nos deja vivir, por lo menos a mí… 

Hoy estoy aquí no para hablaros de ningún producto, ni para enseñaros ningún look, no. Hoy he venido simplemente para contaros otro de mis encuentros en la tercera fase con una dependienta de perfumería… Debería llamar a estos posts: “Historias para no dormir”… 

Hace como dos meses, me planteé la locura de cambiar de maquillaje. Sí, yo que llevo desde 2008 utilizando mi querido y amado Studio Fix de MAC. Quería algo más ligero para el verano, y me puse a investigar cuáles eran los mejores maquillajes para piel grasa que había en el mercado en la actualidad. 

Con mis deberes hechos, y sabiendo claramente lo que quería, me planté en una perfumería If que tengo cerca del trabajo. Me fui directa al Stand de la marca que tenía en mente y estuve allí observando y toqueteando los productos. A los 30 segundos ya tenía a una dependienta subida a mi chepa, dispuesta a ayudarme ante cualquier duda que me pudiera surgir.

Dudas yo no tenía ninguna, así que le contesté con un “Vale, gracias”, y una sonrisa de esas hiper falsas que tan bien me salen. Ella se da la vuelta y se va.

Yo empiezo a probar los tonos de la base, porque siempre tengo el mismo problema, soy súper amarilla, y las marcas son más de hacer subtonos rosas. Y entonces se me vuelve a acercar: “si quieres que te lo pruebe, o que te ayude con el tono…” y se queda allí a mi lado.

Por mi empeño en no parecer una maleducada redomada, le doy conversación, a veces me sabe mal ser tan cortante, y le contesto “estoy probándolos porque los veo todos muy rosas, y yo soy muy amarilla, los estoy comparando con el que utilizo ahora y no hay ninguno que se le parezca”, y en eso le enseño mi bote de Studio Fix. Esto que os voy a decir ahora es muy fuerte, así que preparaos:

“Ay, NO CONOZCO ESA MARCA”, ¡me suelta la tía!!!! ¡Y se queda tan ancha!!!!! Yo con los ojos como platos, a punto de salírseme de las cuencas… Y lo remata con un “voy a avisar a mi compañera, a ver si ella…” Y yo en modo estatua, paralizada por el miedo, temiendo lo que se me venía encima, la miro cómo se aleja y habla con su compañera. 

En eso que vuelven las dos, se me acerca una señora que peinada, lo que se dice peinada, no iba; con la cara grasienta y brillante cual bola de discoteca setentera, con las cejas típicas de la misma época, y con el maquillaje como si se lo hubiera puesto el día anterior, y desde entonces este hubiera permanecido allí. Vamos, una imagen ideal para estar cara al público vendiendo “belleza”.

A ver, no me molesta para nada que la señora lleve semejante aspecto para el trabajo que tiene, allá ella y quien la haya contratado por la imagen que da de su negocio; lo que de verdad me molestó es que me hablara con la condescendencia con la que lo hizo, tratándome como si yo no tuviera ni idea de nada sobre maquillaje y cosmética, y dándome lecciones magistrales. Creo que para nada estaba en condiciones de tomar esa postura conmigo. 

Empezó diciéndome que mi tono de piel no era amarillo, que ella no me veía amarilla, ¿¿¿discuuuuuuuuuulpaaaaaaaaaa??????????? Supongo que si me tono de piel fuera rosa, y los tonos de maquillaje disponibles hubieran sido amarillos, entonces me hubiera dicho lo contrario, ¿no? No me gusta pensar mal, pero…

Hago como si no la he oído y sonrío.

Me dice que si de ese maquillaje en concreto me parecen muy rosas, puedo cambiar y coger otro que tenga tonos más amarillos. Entonces le digo que quiero ese porque es específico para piel grasa, y yo tengo la piel muy grasa. Me sale con que si tengo la piel grasa me la tengo que tratar con productos para piel grasa, que lo del maquillaje es secundario.

GRACIAS hija, por tu inestimable aportación a mi conocimiento sobre la materia. Le digo que sí, que ya utilizo productos específicos para piel grasa, pero que también quiero un maquillaje que no me agrave este problema, sino que me ayude a sobrellevarlo lo mejor posible.

Entonces coge un tono como 3 por encima del mío, y me dice, te lo voy a probar a ver qué tal te queda. Se va y vuelve con una brocha tamaño plumero, yo nunca había visto una tan grande. Como para polvos, pero nivel Dios, enorme. Moja un poquito de producto y me lo empieza a mochear (esa es la palabra adecuada, en serio) por el cuello. No sabéis el asco que me dio, con lo escrupulosa que soy yo en el tema brochas, vete a saber de dónde la había sacado, y dónde había estado antes de pasar por mi cuello, porque ya os digo que limpia no estaba. ¡Horror!!!!! El caso es que me dejó la zona con un color entre marrón y naranja, y me dice “yo te lo veo bien”, y me mira súper satisfecha con lo que acababa de hacer, en plan “lo he clavado con el tono, qué buena soy”. Yo con un espejo de mano mirándome la obra de arte, y diciéndole de forma muy sutil “yo me lo veo un poco subido”. A lo que ella me contesta “yo te lo veo bien ahora para el verano, que siempre hay que ponerse maquillaje más oscuro, te tienes que subir un par de tonos”.

Claro, así que parezca que mi cara se ha ido un mes al Caribe, ella sola por libre, y el resto de mi cuerpo se ha quedado en la oficina trabajando. ¡Pero qué manía tienen estas señoras de vendernos que la cara la tenemos que llevar más oscura que el resto del cuerpo!!! ¡Que no, oiga, que quiero un maquillaje de mi tono de piel, no de 3 tonos por encima!

Ante mi negativa, cojo el tono que yo traía estudiado de casa, y le digo que el que quiero es ese. Me pone cara de “tú verás, pero no tienes ni idea”. 

Vale, pasamos a la segunda parte, unos polvos translúcidos para sellar.

Al decirle que quiero los polvos de la misma línea para sellar y matificar brillos, me dice que ella no me ve brillos, evidentemente si me estaba comparando con ella, yo era la maticidad (¿esa palabra existe?, no, ¿verdad?) hecha persona, pero no es el caso, tengo la piel grasa, muy grasa y lo sé, así que… polvos, por favor.

Una vez más, le digo el tono que quiero, bastante claro, porque sólo los quiero para sellar, en absoluto para dar color, y me contesta que “no, cógelos más oscuros, así te subes un par de tonos el maquillaje, porque lo has cogido muy claro”. A lo que yo un poquito harta ya de ella, me empiezo a poner un poco a la defensiva, dejando ya de lado mi hasta ahora pasividad sobre cada súper consejo que me daba y le contesto con un “no quiero subir ni uno tono, ni medio. Los quiero para sellar y quitar brillos si lo necesito”.

Y ya aquí llega el momento cumbre de la situación, me suelta la siguiente perla: “si tienes brillos es porque no utilizas los productos adecuados. ¿Qué marca utilizas?”. Y yo sabiendo que la conversación no iba a llegar a buen puerto, y que por supuesto se iba a quedar igual cuando le dijera la marca de los productos que uso, le contesto con desgana: “Biologique Recherche”. Me pone cara de asco y me dice “no sé qué marca es esa”, como queriéndome decir que seguro que era una patata y por eso una profesional como ella no la conocía. A lo que yo contesté con cara de “ya sabía que no ibas a tener ni idea”. Y aquí ya me tocó la moral, pero mucho. “Esas marcas de centros de belleza te sacan un dineral por los productos y luego no hacen nada, lo que tenemos aquí es mucho mejor. Ya ves, marcas como Clarins, que tienen más de 100 años de historia, y son buenísimas…”. Conclusión: una marca, cuánto más vieja, ¿mejor es??, ¿es eso lo que me quiso decir? Permíteme que discrepe.

 

A mí me salía humo por las orejas, literalmente, y le contesto que llevo unos 20 años tratándome la grasa, y que he probado todas las líneas de productos para este tipo de piel que ofrecen las marcas que ella tiene allí (Clinique, Shiseido, Clarins, Biotherm, Chanel, etc), y ninguna me ha ido bien, NINGUNA. Y que Biologique es una marca muy buena, con productos excelentes que a mí me van de lujo, para mí es la mejor marca de cosméticos que he probado, con diferencia, y que era raro que ella, dedicándose a eso, no la conociera, ya que los mejores centros de estética trabajan con ella… Pero aquí ya se me levantaba una ceja en plan maligno, como a la madrastra de Blancanieves…

No todas las buenas marcas son las que hacen anuncios en la TV, y en revistas de moda; ni son las que contratan a famosas para que digan que las usan y les cedan su imagen; algunas sólo necesitan de buenos resultados que las avalen. Igual esta señora debería leer un poco más, formarse e informarse sobre marcas y productos de alta cosmética, y no predicar con que lo que ella tiene en su tienda es lo mejor. Señora, su profesionalidad deja mucho, pero mucho que desear. No se puede decir a un cliente que si tiene la piel con un problema determinado, es porque no usa los productos adecuados, porque puede que sea así, pero puede (como en mi caso) que esa persona lleve mucho tiempo tratando ese problema y ya haya probado todo lo que usted le intenta vender como la panacea. Puede que esa persona ya tenga un amplio conocimiento de su piel y de los productos que aplica sobre ella.

No sé cómo se atreve si quiera a hacer semejante comentario, cuando ella tiene un evidente problema de exceso de producción de sebo, al igual que yo. Parece que ella tampoco ha dado con los productos que le van bien. Y ya es raro, porque teniendo a su disposición tanta variedad de productos tan buenísimos, de marcas de tanto renombre, no sé cómo va con esos brillos por la vida. No me lo explico, de verdad… (modo ironía ON). Se lo tenía que haber dicho…

Sigo con mi sonrisa perpetua, pero he pasado ya de la de “sonrío para quedar bien” a “sonrío de forma irónica porque ya me estás tocando los…” 

Ella insiste en que debería cambiar de productos, y en que no puedo llevar 20 años tratándome la piel, porque “cariño, si eres muy jovencita”, y me lo dice con una sonrisa y con un tonito de sabionda que me saca de quicio. Igual parezco “muy jovencita” porque uso unos productos maravillosos que hacen que así sea, ¿se ha parado usted a pensarlo??? (que tampoco es el caso, puede que no aparente la edad que tengo, pero tampoco paso por “muy jovencita”, las cosas como son). Tengo casi 35 años, y tratándome la grasa llevo desde los 16… haga cuentas… Eso no se lo dije, porque no quería enzarzarme en algo que no me iba a llevar a ninguna parte, sólo quería pagar las cosas y marcharme.

También se ofreció a que me pasara otro día por allí, y me asesorarían sobre los productos que me podrían ir bien para la piel grasa, porque a la vista estaba que los que utilizaba ahora no me iban bien. Me podrían enseñar cómo aplicar el maquillaje, y todas esas cosas, por supuesto, sin compromiso de compra.

Esto me dio entre rabia y vergüenza ajena, a partes iguales. No es que yo me considere una profesional del maquillaje, ni de la cosmética, porque por supuesto no lo soy, pero creo que no se me da nada mal para haberlo aprendido todo por mi cuenta, para ser un hobby, para que sea algo que nada tiene que ver con mi trabajo, ni con mi profesión. Creo que mientras me decía esto, podía haberse dado cuenta de que iba mejor maquillada que ella, y que su compañera, esa que no sabía qué marca era MAC.

Yo ya tenía el Gadgetopuño preparado para proyectarlo sobre su cara, pero una vez más, respiré hondo, sonreí, y le di las gracias.

 He intentado contar esto un poco en clave de humor, con ironía, pero me parece muy triste la cantidad de profesionales, de buenos profesionales de este sector que están sin trabajo, y que luego vayas a un sitio de estos, y te encuentres con semejante panorama. En serio, a mí no me inspira ni un ápice de confianza nada de lo que me pueda decir una señora con esa actitud. NO.

Otra cosa, no soporto que una persona que no conozco de nada me llame “cariño”, ¡ojjjj!! Y desde luego no me parece nada profesional.

En fin, una más de las innumerables historias que me encuentro día a día, ya sea en una perfumería como es este caso, o en algún sitio más “especializado” como pueda ser un Kiko, o derivados…

Seguro que no ha sido la última. 

Me despido ya, que menudo rollo os he metido!

Intentaré pasarme por aquí en agosto, aunque no prometo nada porque ME VOY DE VACACIONES!!!